Notas esa presión en los oídos, ese nudo en la garganta, un constante martilleo en la cabeza y el escozor en los ojos de las lágrimas que quieren salir. Eso ocurre cuando reprimes el llanto, cuando evitas a toda costa que las lágrimas salgan de tus ojos y corran por tu cara, esas lágrimas saladas.
Te vienes abajo rápidamente, como un castillo de naipes en el que una de las cartas de la base se a caído, una de las más importantes, de las que soportan el peso de las de arriba, y de repente, en un abrir y cerrar de ojos, todo acaba cayendo. Así es como te sientes cuando una de las personas más importantes que tienes a tu lado parece estar yéndose, desapareciendo de tu lado poco a poco. La impotencia se apodera de ti, no sabes que hacer para retenerla y no sabes que más hacer para intentar volver a estar como siempre, algo que parece pertenecer a un futuro muy lejano, algo imposible de recuperar. Y al ver que no puedes hacer nada, que todo depende de la otra persona, acabas notando esa presión, ese nudo, ese martilleo y esas lágrimas que luchan por salir..
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